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Tumaco: el ciclo de la vida

Antes de la llegada de los españoles, la cultura sexual de los pueblos americanos se expresaba con menos inhibiciones y un poco más de naturalidad que hoy en día. Esto se puede observar en algunos objetos de cerámica, oro y lítico que lograron sobrevivir a la censura impuesta por la Corona española. El erotismo previo a la Conquista comprende una amplia gama de usanzas y costumbres que escandalizaron a misioneros y evangelistas y que, aún hoy, dificulta su puesta en escena. Sin embargo, si la naturaleza en este lado del mundo estaba divinizada e incluía la sexualidad como propiciadora de vida, el sexo también hacia parte del culto a lo divino y religioso.

Rostros extasiados, mujeres voluptuosas en actitud de entrega, figuras fálicas o posturas sugestivas en el juego amoroso de la pareja, son prueba elocuente de que el sexo no se reducía a su función reproductora, sino que tenía un valor lúdico y desprejuiciado, que fue representado con mucha estética ampliando la descripción de las costumbres de estos pueblos, convirtiéndose en una herramienta más para la arqueología en su afán de conocer los hábitos de sociedades extintas.

Entre estos pueblos se destaca la sociedad Tumaco-La Tolita, que entre el 700 a.C. y el 350 d.C. desarrolló una sensualidad muy especial de la cual solo quedó el testimonio de una cerámica naturalista, expresiva y de gran nivel estético, que atribuía importancia primordial al arte amatorio. Exaltaron la fertilidad valiéndose del falo como símbolo principal, generador de vida y de poder; representado como asa en recipientes ceremoniales, como soporte en incensarios o como mango de rodillos o descamadores.

Las figuras en cerámica, como medio de comunicación, retrataron diferentes escenas del ciclo de la vida y, así como lo hicieron con el arte erótico, también dejaron testimonio de la vida familiar en figuras realistas que muestran el momento del parto, a la madre acompañando a su bebé después del nacimiento, cuando lo amamanta o cuando lo carga en sus brazos o sobre sus hombros.La vejez y en sí el proceso de cambio o envejecimiento fueron representados en detalle con los efectos que deja en el cuerpo el paso del tiempo, como las arrugas, la piel ajada y las espaldas encorvadas. Estas marcas que indican un estado del alma y el cuerpo se observan en figuras, máscaras y colgantes que muestran ancianos y que nos hablan sobre la función social tan importante que tuvieron en esta sociedad.

Para la gente del manglar, la muerte fue generalmente percibida como un proceso de alejamiento progresivo de este mundo al mundo de los muertos. Asociada con el caimán y la serpiente, que rigen los dominios acuático y terrestre, las figuras mitad hombre y mitad caimán ejemplifican el paso, a través del agua, al mundo de los muertos. Pero dentro de ese orden sagrado y natural también se manifiestan situaciones que interfieren con el transcurso normal del ciclo de la vida: las enfermedades y las anomalías genéticas. Estos grupos sociales representaron una amplia gama de patologías con suficiente detalle como para que hoy en día a los investigadores les sea posible diagnosticar lo que padecieron en el pasado. Se reconocen la leishmaniasis cutánea, la tuberculosis, la sífilis, el enanismo, la parálisis facial, el síndrome de Morquio y el síndrome de Down, entre otros.

 

Fuente: Museo del Oro Banco de la República

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